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«A quien madruga…»: refranes del reloj y de las horas explicados para niños
Por el equipo de Reloj Escolar · 22 de julio de 2026 · lectura de 6 minutos
Mucho antes de que hubiera un reloj en cada casa (y no digamos en cada bolsillo), la gente ya llevaba siglos discutiendo sobre el tiempo: sobre madrugar, sobre llegar tarde, sobre aprovechar las horas. Toda esa sabiduría se fue guardando en refranes, frases cortas que van de boca en boca desde hace generaciones. Son una mina para enseñar a los niños el valor del tiempo y, de paso, un poco de historia. Eso sí, aviso: aquí «tiempo» significa horas y relojes; los refranes del sol y de la lluvia los dejamos para otro día.
Los madrugadores
«A quien madruga, Dios le ayuda»
El clásico entre los clásicos: quien empieza pronto tiene ventaja. Traducido al idioma de un niño: quien se levanta con tiempo desayuna tranquilo, encuentra los dos zapatos y no entra corriendo al cole.
«No por mucho madrugar amanece más temprano»
La respuesta al anterior: hay cosas que llevan su tiempo y correr no las adelanta. El bizcocho necesita su horno y el amanecer, su hora, por muy pronto que te plantes en la cocina.
«Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente»
Se oye sobre todo en América, y es puro dibujo animado: el que se despista pierde el turno, la merienda o el autobús. El camarón dormido flotando río abajo es, además, uno de los refranes más divertidos de dibujar.
Los impuntuales
«A buenas horas, mangas verdes»
El refrán con mejor historia. La Santa Hermandad fue, durante siglos, una especie de policía de los caminos de Castilla, y sus agentes vestían uniforme con mangas verdes. Tenían fama de llegar siempre cuando el ladrón ya estaba lejos, así que la gente empezó a recibir cualquier ayuda tardía con un suspiro: «a buenas horas, mangas verdes». Quinientos años después, seguimos diciéndoselo a quien aparece con la solución cuando el problema ya pasó.
«Más vale tarde que nunca»
El consuelo oficial del impuntual: hacer algo tarde siempre es mejor que no hacerlo. Perfecto para la felicitación de cumpleaños que se escapó y para el niño que recoge los juguetes… a la tercera llamada.
El tiempo como tesoro
«El tiempo es oro»
Cada hora vale muchísimo… con una diferencia importante que a los niños les encanta descubrir: el oro se puede guardar en una hucha y el tiempo no. Solo se puede gastar, así que más vale gastarlo en algo bueno.
«No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy»
El gran enemigo de la pereza. La mochila preparada esta noche es un desayuno tranquilo mañana: pocos refranes se demuestran tan rápido.
«Cada cosa a su tiempo»
Ni antes ni después: a su hora. La fruta verde no se come, el regalo no se abre antes del cumpleaños y el cuento llega cuando llega el cuento. Paciencia y orden, todo en cinco palabras.
«El tiempo todo lo cura»
Los enfados, las rodillas raspadas y las penas grandes se van encogiendo con las horas. No hace falta explicárselo mucho a un niño: basta con recordárselo al día siguiente de un disgusto.
Y las expresiones del reloj
Además de los refranes, el reloj se ha colado en un montón de expresiones de todos los días:
«Ir como un reloj»
Funcionar a la perfección, sin un retraso ni un fallo. Se dice de trenes, de estómagos y de abuelas.
«Contra reloj»
Hacer algo deprisa, con el tiempo en contra. Viene de las carreras de ciclismo en las que cada corredor compite contra el cronómetro.
«Matar el tiempo»
Entretenerse con cualquier cosa mientras se espera. El tiempo, por suerte, siempre sobrevive.
«A todas horas»
Constantemente, sin parar. Como pregunta un niño «¿cuánto queda?» en un viaje largo.
«Llegar a las tantas»
Llegar tardísimo, a esas horas de la noche que ya ni se nombran: «las tantas».
«En un santiamén»
En un instante. Nació en la iglesia: es lo que se tarda en decir el final de un rezo en latín, «…Spiritus Sancti, amen».
¿Y si los refranes se llevan la contraria?
Un lector atento habrá pillado el problema: «a quien madruga, Dios le ayuda»… pero «no por mucho madrugar amanece más temprano». ¿En qué quedamos? En que los refranes no son leyes: son consejos, y cada uno vale para su momento. Esa contradicción es justo lo que los hace estupendos para conversar: pregúntale al niño cuál de los dos tiene razón hoy, y prepárate para una respuesta mejor que la tuya.
Juegos para aprenderlos
- El refrán a medias. Tú empiezas («a quien madruga…») y el niño termina. En el coche, en la mesa, en la sala de espera: no necesita tablero ni piezas.
- El refrán del día. Elegid uno por la mañana y colgadlo de una de vuestras horas ancla: el de madrugar en el desayuno, el de «cada cosa a su tiempo» en la merienda. Gana quien pille a alguien de la familia en situación de usarlo.
- Ponles hora. ¿A qué hora se madruga en tu casa? ¿Las siete? Que el niño la ponga en el reloj interactivo y ya tenéis el refrán convertido en ejercicio de leer la hora.
- Dibujarlos en serio. Los refranes al pie de la letra son ilustraciones buenísimas: un camarón roncando río abajo, un señor de mangas verdes llegando al final de la película. Papel, colores y a enmarcar.
Los refranes viajan por todo el mundo hispano con mil variantes, igual que la manera de decir la hora: en cada país suenan un poco distinto y en todos significan lo mismo. Cada uno es un mensaje de los tatarabuelos, que no tenían relojes inteligentes ni aplicaciones, pero del tiempo sabían un rato.