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¿IIII o IV? Por qué muchos relojes escriben «mal» el cuatro romano

Por el equipo de Reloj Escolar · 20 de julio de 2026 · lectura de 6 minutos

Un niño que acaba de aprender los números romanos en el cole se planta delante del reloj del salón de la abuela, o del de la torre de la iglesia, y frunce el ceño: «Ahí pone IIII. ¿No debería ser IV?». Enhorabuena: acaba de descubrir uno de los misterios más antiguos y más discutidos de la relojería. Y lo mejor del misterio es que, a día de hoy, nadie conoce la respuesta con total seguridad.

Un repaso rapidísimo a los números romanos

Los romanos escribían los números con letras: I vale 1, V vale 5 y X vale 10. Las letras se suman cuando van de mayor a menor (VI = 5 + 1 = 6; VIII = 8) y se restan cuando una pequeña se adelanta a una grande (IV = 5 − 1 = 4; IX = 9). Con esas reglas, el cuatro «correcto» del colegio es IV. Y sin embargo, la esfera del reloj insiste en IIII:

  • I1
  • II2
  • III3
  • IIII4
  • V5
  • VI6
  • VII7
  • VIII8
  • IX9
  • X10
  • XI11
  • XII12

La trampa es que los propios romanos no eran tan estrictos como tu profe: durante siglos escribieron el cuatro de las dos maneras, y la forma «de sumar» (IIII) era la más corriente en monedas, lápidas y relojes de sol. La regla de restar no se volvió obligatoria hasta mucho después, ya en la Edad Media. Así que la pregunta, en realidad, está al revés: el reloj no escribe mal el cuatro; escribe el cuatro antiguo. La verdadera pregunta es por qué lo sigue haciendo.

Las cuatro teorías

  • 1. La leyenda del rey caprichoso

    Es la historia que más se cuenta. En su versión más famosa, el rey Carlos V de Francia encargó un reloj para su palacio allá por el siglo XIV; el relojero escribió IV, el rey dijo que estaba mal escrito y, como a los reyes no se les lleva la contraria, el cuatro se quedó en IIII para siempre. Es una historia estupenda… y casi seguro inventada: se cuenta con reyes distintos según el país y no hay ningún documento de la época que la respalde.

  • 2. El respeto a Júpiter

    En latín, el nombre del dios Júpiter empezaba a escribirse IVPPITER. Sus iniciales, IV, sonaban a nombre sagrado, y grabarlas en un objeto cualquiera podía parecer una falta de respeto: mejor un discreto IIII. Esta teoría encaja bien con los relojes de sol de la época romana… aunque no explica por qué seguimos igual dos mil años después de que Júpiter se quedara sin templos.

  • 3. El relojero ahorrador

    Cuenta las letras de una esfera con IIII: hacen falta exactamente veinte íes, cuatro uves y cuatro equis. Justo lo que sale de un único molde con cinco íes, una uve y una equis, fundido cuatro veces. Con IV, en cambio, salen diecisiete íes y cinco uves: números que no hay forma de repartir en moldes iguales. Para un artesano que fundía los números en metal, IIII era sencillamente más barato.

    IIIII·V·X  × 4  =  la esfera completa

  • 4. La esfera equilibrada

    Con IIII, la esfera queda repartida en tres tercios elegantes: de la I a la IIII solo hay íes; de la V a la VIII mandan las uves; y de la IX a la XII, las equis. Además, el IIII (cuatro trazos) pesa visualmente lo mismo que el VIII (otros cuatro), su gemelo del otro lado de la esfera. Con IV, ese lado del reloj se queda «flojo» y el conjunto pierde equilibrio. Es la explicación favorita de los diseñadores.

¿Y cuál es la verdadera?

Probablemente un poco de todas menos la del rey. El IIII venía de serie en los números romanos antiguos, a los relojeros les resultaba práctico y equilibrado, y una vez que todos los relojes lo llevaban, cambiarlo habría sido lo raro. Hoy se conserva por pura tradición: en relojería, la esfera con IIII se considera la esfera clásica, y ese cuatro tiene hasta nombre propio: el «cuatro de relojero».

¿La excepción más famosa? El Big Ben de Londres, que marca el cuatro como IV. Así que ningún bando puede presumir: los relojes de medio mundo defienden el IIII y el reloj más célebre del planeta vota IV.

XIIIIIIIIIIIIVVIVIIVIIIIXXXI
Nuestro estilo «romano» marca las cuatro en punto con su IIII de relojero, como manda la tradición. Puedes crear el tuyo en el generador.

Cómo leer un reloj romano (sin saber números romanos)

Aquí va el secreto que tranquiliza a cualquier niño: para leer un reloj romano no hace falta leer los números. Las agujas señalan posiciones, no letras: si la aguja corta apunta abajo a la derecha, marca entre las cuatro y las cinco, ponga IIII, IV o un dibujo de una rana. Quien sabe leer un reloj normal sabe leer todos los relojes del mundo.

¿La prueba? En nuestro reloj interactivo puedes activar «Sin números» y comprobar que la hora se sigue leyendo igual de bien. Y si el desafío es colocar cada número romano en su sitio, ese es exactamente el último nivel de Construye el reloj: XII, IIII y VIII incluidos.